PORTAFOLIO
Este portafolio reúne una serie de obras muy queridas, desarrolladas en los últimos 5 años, las cuales exploran la música no como objeto cerrado, sino como fenómeno emergente. Música como sistema que piensa, cuerpos que actúan y se transforman, materiales que imponen su propio tiempo y texturas. En medio de un profundo amor y respeto por la naturaleza; protagonista como metáfora estructural.
Después de 5 años llevando estas ideas al escenario, me encuentro con el material semilla para profundas exploraciones que abarquen no solo la disciplina de la música, sino que se extiendan a la fenomenología y las neurosciencias, construyendo una suerte de ciencia ficción especulativa que empapa un universo musical propio que poco a poco va reclamando espacio.


Entre la música experimental, la fenomenología y la cognición extendida
Contrarreloj (2020)
El descucbrimiento de la "música experimental"
Contrarreloj propone una situación deliberadamente imposible: indicaciones cronométricas que se hacen más cortas, acompañadas de una acumulación progresiva de gestos que no pueden ejecutarse en su totalidad. El intérprete debe decidir qué priorizar, qué omitir y cómo resolver el material dentro de sus propias posibilidades técnicas.
Una obra que deliberadamente no tiene notas de interpretación o un formato determinado.


Marabunta (2021–2022)
El límite de la técnica
Inspirada en el comportamiento de colonias de hormigas carnívoras, Marabunta utiliza notación proporcional, tempo flexible y gestos técnicamente exigentes que obligan al intérprete a reorganizar constantemente su estrategia de ejecución. La obra propone un virtuisismo no centrado en la técnica, sino en la adaptabilidad, explorando el tempo musical como un fenómeno personal en el diálogo interno con el material musical.


Ya no oigo el canto de las aves citadinas (2022)
Salir de la disciplina. Taller Tierra de Aves 2022.
El “Efecto Lombard” se puede definir como el incremento involuntario del esfuerzo vocal al tratar de hablar en un ambiente muy ruidoso. Esta compensación se puede presentar como la producción de un sonido más fuerte, más brillante o más agudo. Este fenómeno ha sido estudiada en las aves y se ha demostrado su adaptabilidad al paisaje sonoro a través de los mecanismos de compensación mencionados.


El grito avisa (2023)
Seis intérpretes leen por primera vez, en vivo, seis partes independientes que rotan entre ellos. Nadie conoce la obra completa de antemano. Tras varias iteraciones, regresan a su parte original y cierran con una coda. Esta última versión es el resultado de un proceso iterativo y de cognición distribuída, en el que los intérpretes comparten la responsabilidad de creación de la obra al lanzar al aire los materiales descontextualizados, sin la posibilidad de llegar a acuerdos de ensamble. El discurso musical se desarrolla de manera natural pero no lineal.


95% Agua (2023)
Música transparente.
La obra explora capas armónicas, densidad tímbrica y escenas sonoras inspiradas en la composición física de las medusas. El tempo y la duración real de los gestos dependen de las posibilidades del instrumento y del intérprete.
https://drive.google.com/file/d/1CfbdwWKskpOgNjyT3WuMtGJPElOQbV5V/view?usp=drivesdk
Piel de agua (2024)
El sonido como un fluído. Música superpuesta y la electrónica como extensión de la realidad.
La electrónica actúa como extensión sensorial del intérprete. Pedagógicamente, la obra permite pensar la tecnología no como accesorio, sino como herramienta para desarrollar escucha, espacialidad y percepción del tiempo no lineal. Es un ejemplo claro de música semi-improvisada con parámetros definidos, aplicable al aula sin necesidad de grandes recursos técnicos.


Viento vuelve al viento (2025)
El diseño de un algoritmo iterativo, como diseño del experimento.


